Me gustaría poder
escribir como tú
con esa hambruna sencilla
del poeta anacoreta
que no para de mirar
el plato con asco
pero hace tiempo
que ya uní versos
en largas cremalleras de sinsentido
que en los circulos llaman
textos
lo que es ya bastante ridículo
no hay tal cosa
como palabras en fila
conga
parecen más bien
grandes bosques
de abedules que arden
que cosa más absurda
ver la poesía y creer
que todos los poetas
son tartamudos
ver la poesía quemarse
y pensar en apagarla
no se dejen engañar
a nadie le gusta el fuego
pero todo color es dignidad
poesía
al fin
Thursday, September 26, 2013
Res ipsa loquitur
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Thursday, September 19, 2013
Soldados
Ayer comimos sus frutos blancos. Estaban dispuestos sobre la mesa, tirados y gordos, cuerpos como bolsas fláccidas. Uno a uno los visitantes fueron destripando sus interiores y comieron de la pulpa pálida de los pequeños higos, sonriendo con lo ojos húmedos de alegría. Era el alborozo causado por las frutas tan grande, que aquel regocijo se acumulaba detrás de las muelas como un abazón, y todos lo masticamos, gritando con esa algazara propia de los rumiantes nocturnos.
Luego, el más álgido de los silencios. Todas las miradas vacías. Globos oculares tremolantes, y en su reflejo sólo la cáscara de la fruta muerta, humedecida por la saliva expedida por sus bocas golosas. No saber qué decir no es el peor de los pecados, pero hay una estrella enorme en el horizonte que planea asomarse todas las mañanas -sus mañanas al fin, que al final es sólo un momento que adquiere significado gracias a nuestra inútil habilidad de preverlo- y los pone muy nerviosos. A todos los huéspedes, hombres hambrientos muy quietos y de ojos hundidos, les había atacado una maléfica carestía de emoción. Estaban las ganas de decir con el sonido, de liar algo digno de la luz a punto de ser presenciada, pero se encontraban hartos de uvas blancas y dátiles salvajes, cansados y deshechos por el tacto y la gula.
Todos se rinden, sin articular palabra. Contagiados por una adorable y estúpida fascinación por los comienzos, darle un nombre al amanecer, de salto y de sol, sol niño que aún sigue en el mismo cero mata cero eterno. Como una guerra, la ausencia que le sigue a la explosión. Soldados que miran el humo y el fulgor. Ssssh: y por un breve momento el terror es paz.
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Molto Alto, Acto XII: El Dr. Manzevich explica brevemente la teoría de la Escena, con ejemplos
"Antes que nada hay que imaginarse al gavilán sobre la tortuga. Eso es lo principal. Luego todo lo otro se explica por si solo, ya que es una perfecta representación onírica, cuya razón no puede ser negada. Si la imagen resulta ridícula, es porque no se le ha pensado bien. Tampoco es que haya una forma correcta en la que representar ambos animales en conjunción; se les puede bien figurar como una tortuga de río con un gavilán rojo de alas abiertas, como también una tortuga gigante de las Galápagos con un pequeño pájaro húmedo y cansado sobre los mosaicos de un caparazón centenario. Lo esencial es encontrar la forma perfecta para describir la Escena, y ya sabrán inmediatamente cuando se les ha presentado. No todo es una Escena, por eso explico esto. Podrían bien ustedes entrar en un bar y ser testigos de un gran pleito, una botella se rompe sobre la cara de un bartender y este cae el suelo con una mueca de dolor y sangre mana de su rostro magullado. Esto, debemos de admitir a primera vista, puede resultar una escena. Pero todo aquel que ponga especial atención al logos del suceso podrá bien saborear su simple vulgaridad y descartar el acontecimiento como una acción nula, posando así su ojo en otras cosas, en continua búsqueda de un acto verdadero. El pleito es una perdida de tiempo, una hermoso baladí. Se puede alcanzar la totalidad también a través de la vulgaridad (como en su mayoría de las veces sucede) pero para ello es necesario exaltar el sinsentido y lo común hasta que se pueda sobrepasar la barrera que distingue con claridad la realidad ocurrida y la percepción objetiva que se aplica luego de atestiguar el hecho. Es un elemento humano e innegable aquello que se imbuye con el Acto, creando la Escena.
Lo que menos quiero hacer es sonar confuso. Obviamente el primer requisito para estar plenamente conscientes de la veracidad de una escena es precisamente estar allí presentes. No hay que ser necesariamente parte de la misma, también se puede participar como espectador, aunque en la mayoría de los casos todos los presentes son de alguna forma observadores, aquellos que miran y absorben son los avatares del Acto, los valientes que les dan vida. Miren mejor al gavilán y la tortuga. Es un hecho inefable que tendremos que preguntarnos que hace el pájaro sobre la tortuga. Escena, precisamente. ¿No es acaso lo más humano? Una cosa sobre la otra es lo más natural del mundo, pero mucho más aún lo son unas nubes en el cielo, digamos. Gran vulgaridad. Es esa trinchera entre estas dos cosas donde luchan todos los espectadores, donde las almas se muestran desnudas ante los actos y las cualidades de las acciones vistas son medidas por lo que en ellas podamos reconocer como humano. La absurdidad de ciertas situaciones puede rascar el velo, acariciar suavemente las cortinas de nuestra realidad dejándonos entrever las gráciles curvas transparentadas de lo ridículo como una mano abierta (...)"
Ejemplo #1 (un tren):
Hay un viejo cansado, vestido de camisa y pantalón, completamente de negro. El escenario es un tren (puedo entender que es el Metro de Santo Domingo) lleno de personas. Los cuerpos se apachurran como ciertas carnes de cadáver, y el viejo mira a todos y a nadie, con una mezcla de tristeza y amargo estupor. Algo brilla en sus ojos negros, una pasión quizás, pero se nubla debajo de los reflejos de las formas vivas que lo rodean. Hay técnicos de Claro, con camisetas rojas e identificaciones que pendulan desde sus cuellos hasta el regazo, con ese abandono estático de los objetos violentos: como pistolas desenfundadas porta el proletariado sus rostros colgantes.
Hay demás especímenes presentes, pero a primera vista parecen ser todas mujeres con tubi, que coronadas por redecillas tejidas a mano custodian con celo la fortaleza del pelo y el pincho. En sus manos reposan abiertos como muertos de papel un panteón entero de periódicos flacos. Todos leen lo mismo: un clon de diario disecado, ranas que croan hormigas negras.
En algún lugar de la multitud, dentro de las entrañas de las personas unidas, se escucha una voz extraña que comienza a ascender. El tren también se está moviendo, y es la primera vez que el viejo se da cuenta. A medida que la máquina se come los rieles, la voz escondida toma fuerza, una extraña energía psicótica que recuerda vagamente a un perro enfermo, conjurada en palabras grandes, características de la predica. El hombre (o el perro, porque el hombre aún no sabe que es hombre) habla en frases que trastabillan y resbalan, obligando a los demás miembros presentes a levantar la vista de sus periódicos para ayudar al predicador con un Amén coral, que con gran fuerza de pluralidad sonica y religiosa levanta y encarrila nuevamente al hombre santo, que se obstina en zigzaguear con locura dentro de su propio sermón.
Ahora la máquina habla.
— “Próxima estación...”
Una voz varonil y confiada evoca tranquilidad en los corazones de los pasajeros, vocalizando con seguridad su siguiente posición en el camino. Al escuchar aquellas palabras mecatrónicas y a pesar de encontrarse en el medio de su arrebato eclesiástico, repartiendo una febril anaphora a aquellos que pretenden comer su pan de cada día (simple pretensión, la mayoría sólo comerá del cuerpo de Cristo cada quincena) el predicador se detiene para dejar hablar al anunciador. Y así es en cada parada: la voz nombra las estaciones y el hombre santo pausa brevemente hasta que esta termine, para reanudar inmediatamente su discurso ininteligible lleno de salmos y hosannas, pronunciado en su fluida glosolalia. A todo esto el viejo vestido de negro (que ya se podrá adivinar es una especie de protagonista, la anomalía de la escena) se agarra de su barrote antes de que el calor de toda esa locura lo arrastre como un borracho en el río.
El viejo sabe que nunca saldrá del tren, y su resignación le parece indiferente. Parece ser que mañana estará de nuevo allí, con las manos sudadas empuñando el hierro, respirando a los elementos de la flora mecánica entre tubis y palabras secas, en medio de una escena sobre la cual pensar.
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Friday, May 17, 2013
Oración a Santa Rita
Un icono es sólo un icono
el símbolo es un icono dentro de un puño
la Causa es sostenerlo al cielo con la palmas abiertas
sin que se cuele por los estigmas
Posted by Hedra at 1:46 PM 0 comments
Saturday, March 9, 2013
El último espejo
«Marava Domínguez Torán»
Todo aquel que atraviesa el corredor del Miedo
llega fatalmente al Último Espejo
donde una mujer abrazada a tu esqueleto nos muestra
cara a cara el infierno de los ojos sellados
de los ojos cerrados para siempre como en una máscara
de muerta representando en el más allá el teatro último:
así miré yo a los ojos que borraron mi alma
así he mirado yo un día que no existe en el Último Espejo
Leopoldo María Panero - "Teoría" 1973
Posted by Hedra at 12:47 AM 0 comments
Tuesday, February 26, 2013
Sobre asuntos médicos y otras cosas I
Seguro médico: es extrañamente erótico para mí escuchar a las personas hablar sobre seguros médicos. Es quizás la necesidad de ser constantemente cuidado, el respaldo de la seguridad colectiva y personal, algo que siempre hace falta en el infinito terror del mundo. El placer probable, la posibilidad de continuar la vida a pesar de cualquier adversidad para seguir experimentando ese mismo gozo y dárselo a otros (lo que es sólo una extensión de un incorregible onanismo) tiene en mí efectos vergonzosamente afrodisiacos.
¡Qué excitante es que el Todo pretenda cuidar de mí!
Obviamente palabras de una mujer con un agudo sentido del decaimiento natural. A ser sinceros, eso es todo lo que un hombre serio quiere escuchar. Sin importar que tan truculenta sea, la verdad es siempre un alivio en contra del Gran Terror. Esta mujer dice aquellas cosas con ligereza, como siempre se conjuga lo veraz. Vender seguros es un arte dedicado a lo verdadero. Seguro.
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Thursday, February 14, 2013
Love and Freedom on St. Valentine
I thought long and hard
about pumping hearts and freedom
staring at those three sheets of paper
holding the table grounded
weightly and ponderous they laid
upon the white veneer of that desk
documents etched with invocations of myself
It had to be on this day.
It’s only fitting.
They called my name with strepitous incantations
rituals of loud and unabashed merrymaking
clerks standing down
and up
and down again
on ophidian and phallic plastic chairs
endowed with tiny plastic handles
used to pump moldy air conditioned blood
inside ridiculous purple thrones
she was watching me intently
explaining incomprehensible things
but it was too late:
all that LOVE thinking had made me incredibly horny
and her stuttering about insurance and honoraries
reminded me of gynecology and lus primae noctis
those nights where everyone lost their freedoms
when we used to worship
godly monuments of tightness and moisture
where we danced like madmen
in endless carnivals of tadpoles
very aware of that looming, towering verb
marching upon our liberties
ENDING
Posted by Hedra at 6:29 PM 0 comments
